Las fábricas apenas laburan a media máquina: la capacidad instalada cayó a su nivel más bajo en 14 años

Mirá, vecino, el dato es crudo y no admite vueltas. En febrero, la industria argentina operó con un uso de su capacidad instalada del 54,6%. O sea, de cada 100 unidades que podrían producir las fábricas, solo 54 salieron. El resto, ocioso. Es el nivel más bajo en 14 años, che. Y para que te des una idea, en febrero del año pasado estaba en 58,6%. La caída es fuerte y duele.

¿Qué significa esto en criollo? Que las plantas están funcionando a media máquina, que hay líneas de producción frenadas, que los ritmos de trabajo se ajustan para abajo. La demanda interna no despega, la competencia de afuera aprieta y el resultado es que casi la mitad del potencial productivo del país está parado.

No todos los rubros sufren igual, eso sí. La refinación de petróleo es la excepción que confirma la regla: operó al 88,9% de su capacidad, un número altísimo vinculado al boom energético. Pero después, el cuadro es desolador, ¿viste?

Los sectores más golpeados son los que tienen que ver con la construcción y los bienes durables. Los productos minerales no metálicos, como cerámicas y arcillas, están en el piso. La metalmecánica, que es sensible a la inversión y a la obra pública, también sufrió un batacazo. El caucho y el plástico muestran caídas pronunciadas —ahí entra la producción de neumáticos— y los textiles operan en niveles que no se veían desde la crisis de 2002 y 2003. O sea, volvimos más de veinte años atrás.

Pero hay un caso que llama la atención: el sector automotor. Por un lado, los patentamientos de autos están en niveles altos, los más elevados desde 2018. ¿Suena bien, no? Pero agarrate, porque más del 80% de los autos que se venden son importados. La producción nacional, mientras tanto, usa apenas el 38,9% de su capacidad instalada. Y desde junio, la producción acumula una baja del 13,2%. O sea, los argentinos compran autos, pero no los fabricamos acá. Ahí hay un tema, che.

Los especialistas dicen que la recuperación, cuando llegue, va a ser selectiva y desigual. Los que zafan son los vinculados a la energía y los químicos. El resto, los que dependen de la construcción, los textiles, la metalmecánica y los autos, van a seguir sufriendo.

La pregunta que te hago, vecino, es esta: si las fábricas están trabajando a media máquina, ¿cuánto falta para que eso se note en los bolsillos de los laburantes, en los despidos o en los comercios que venden lo que esas fábricas producen? Porque la industria no es un número frío, es el pan de cada día de miles de familias chaqueñas.