«Si lo atendía un verdadero médico, hoy mi papá estaría vivo»: la denuncia que sacude Quitilipi por una falsa médica
«Si lo atendía un verdadero médico, hoy mi papá estaría vivo.» La frase duele más cuando la dice un hijo que acaba de enterrar a su viejo, ¿viste?
En Quitilipi están que arden. Familiares de Lorenzo Blanco, un hombre de físico privilegiado que según sus hijos nunca tomaba medicación ni pisaba un hospital, denunciaron que murió en la guardia después de que la atendiera Lidia Mabel Ojeda. ¿Quién es esta mina? Una falsa médica, profesora de Plástica según se investiga, que se hacía pasar por doctora y ahora tiene pedido de captura nacional e internacional. Los hechos fueron el 21 de diciembre del año pasado, pero recién ahora la bronca estalla con todo.
Miguel Blanco, el hijo del fallecido y también profesor, contó con lujo de detalles lo que pasó esa madrugada. Su papá llegó con un dolor punzante en el pecho que le agarraba el brazo, cuadro clásico de algo grave, pero la supuesta doctora no le hizo los controles básicos: ni presión, ni saturación, ni frecuencia cardíaca. Nada. «Que se vaya a la casa, que tome paracetamol y haga reposo», les dijo. Tres horas después, don Lorenzo volvió, pero esta vez descompuesto. Miguel llegó al hospital y se lo encontró así. «Nuevamente esta asesina no hizo nada, lo dejó morir», aseguró con la voz rota. Y agrega: «Mi padre perdió la vida en Quitilipi por culpa de esta tipa, que directamente improvisó con su salud».
Cuando el hijo la increpó, la mujer cruzó los brazos y le soltó que ya sabía que esto iba a pasar. Después, desapareció. Miguel pidió la planilla de lo que le habían hecho a su papá y no había nada escrito. Encima la falsa doctora no quería firmar el certificado de defunción, pero terminó haciéndolo. ¿Qué puso ahí? Como diagnóstico: cefalea y dolor muscular. Como causa de muerte: paro cardiorrespiratorio no traumático. Un desastre, che.
Un agente de policía que estaba presente le aconsejó hacer la denuncia y pedir una autopsia. Miguel hizo todo. Vino la policía forense de Sáenz Peña, se llevaron el cuerpo, y al otro día se lo devolvieron. Pero a cuatro meses del fallecimiento, la familia todavía no tiene acceso a los resultados. Cuando fue a buscar el número de expediente, desde la policía le dijeron que no había nada cargado. Según las fuentes, se investiga si hubo algún tipo de encubrimiento o simple desidia administrativa.
Miguel Blanco asegura que el único funcionario que se comunicó con él hasta el viernes fue el doctor Di Núbila, director de Zona Sanitaria II, que le ofreció todo su apoyo. Del resto, silencio. «Alguien tendrá que pagar», dice el hijo, y agrega que va a ir contra todos, sin miedo, hasta el fondo de la causa.
Mirá, una cosa es que pase esto en un lugar sin recursos, pero estamos hablando de un hospital público en Quitilipi. ¿Cómo puede ser que una persona sin título entre a trabajar, atienda pacientes graves y nadie controle nada? La pregunta queda flotando, como el dolor de una familia que está convencida de que si un verdadero médico hubiera estado ahí, don Lorenzo hoy estaría vivo.
