En África construyen la muralla más larga del mundo (8.000 km) para frenar el avance del desierto del Sahara

Once países se unieron para impedir que el desierto avance sobre la sabana. El objetivo es restaurar 100 millones de hectáreas de tierras degradadas para 2030. Pero la realidad es compleja: solo se completó el 18% del proyecto y miles de millones de dólares se licuaron en corrupción y golpes de Estado.

La tala indiscriminada de bosques y selvas en el mundo provoca un ciclo de mayor aumento de las temperaturas y degradación del suelo, permitiendo la extensión de los desiertos y zonas áridas más allá de sus límites. Para impedir que esto suceda en la franja verde de África, 11 países se unieron para construir una muralla natural repleta de árboles que va de este a oeste y que impedirá que el Sahara crezca hacia el sur del continente.

Esta medida se conoce como la Gran Muralla Verde y recorre 8.000 kilómetros de longitud, desde Yibuti hasta Senegal. El proyecto inició en 2007. En 2021, durante la cumbre de París, la Unión Europea, el Banco Mundial y la Unión Africana se comprometieron a invertir 14 millones de dólares para acelerar las plantaciones.

Los ambiciosos objetivos para 2030

El objetivo es restaurar 100 millones de hectáreas de tierras actualmente degradadas, capturar 250 millones de toneladas de carbono y crear 10 millones de empleos verdes para 2030. Salvar aquellos territorios de la desertificación permite que las comunidades agrícolas puedan seguir produciendo alimentos en terrenos ricos en nutrientes.

Si se cumple con la meta dentro de cuatro años, esto permitirá:

  • Recuperar la tierra fértil.
  • Brindar oportunidades económicas para la población más joven del mundo.
  • Aportar seguridad alimentaria para los millones de personas que pasan hambre cada día.
  • Resiliencia climática en una región donde las temperaturas están aumentando más rápido que en cualquier otro lugar de la Tierra.

El problema: solo se completó el 18%

Pero el trabajo va contrarreloj y los resultados son modestos. La Unión Africana evidenció que hasta el momento solo se completó un 18% de la Gran Muralla Verde. Algunos países lograron avances: Etiopía restauró 15 millones de hectáreas utilizando una técnica más sencilla (cuidar y podar los árboles que nacen de forma natural en lugar de plantar nuevos). Senegal lleva plantados 12 millones de árboles y Nigeria recuperó cinco millones de hectáreas en su frontera norte.

Sin embargo, según la agencia de noticias NPR, 18 años después de que se implementó el plan, solo se consiguió un puñado de hectáreas plantadas, mientras que el resto fue víctima de un mal manejo de los fondos que destinaron diferentes organizaciones internacionales. Miles de millones de dólares se licuaron en la corrupción y los sucesivos golpes de Estado.

El riesgo: 250 millones de personas podrían tener que abandonar sus hogares

Según datos de Naciones Unidas, el área que separa al desierto del Sahara de la sabana africana se está secando a un ritmo acelerado, lo que además propició un aumento de las temperaturas de 1,5 °C, más que la media global en un siglo. Esto hizo que la desertificación avance entre 45 y 60 centímetros por año.

El riesgo de perder las zonas verdes representa un cambio en la habitabilidad de la región centro del continente. Si esto no se revierte, antes de 2050 cerca de 250 millones de personas tendrían que abandonar sus hogares y movilizarse a otras ciudades o países.

Con una sola hectárea verde se consigue retener hasta 500 toneladas de CO2 y da de comer a entre tres y cinco familias de la zona.

Las cifras de la ONU: más de 135 millones de personas dependen de tierras degradadas

De acuerdo a los registros de la ONU, más de 135 millones de personas en la región dependen actualmente de tierras degradadas para sobrevivir. La inseguridad alimentaria, la migración, el terrorismo y los conflictos por los recursos van en aumento.

Un efecto dominó que obliga a millones de familias a pender de un hilo

El muro que se anunció con bombos y platillos como una respuesta al cambio climático y que aseguraría la alimentación y bienestar de los 11 países implicados, terminó en resultados escasos. En muchas comunidades, las plantas se marchitan y mueren. No hay dinero para más bombas de agua ni ingeniería que provea de ayuda para conservar la maquinaria de riego. Es un efecto dominó que obliga a millones de familias a pender de un hilo.

El proyecto de la Gran Muralla Verde empezó y avanzó hasta el año pasado con un presupuesto de 31 mil millones de dólares, un fondo importantísimo para activar una herramienta contra el cambio climático y proteger miles de vidas y fauna silvestre. Sin embargo, toda esa cifra no se tradujo en una evidencia tangible.

El tiempo se acaba

La Gran Muralla Verde es una idea extraordinaria. Pero la distancia entre el papel y la realidad es, por ahora, abismal. El desierto avanza, las comunidades sufren y los fondos internacionales parecen esfumarse. El tiempo, mientras tanto, corre en contra. Y para millones de africanos, cada día que pasa sin resultados concretos es un día más cerca del abismo.