La nafta aumentó un 24,3% desde el inicio de la guerra y Argentina lidera la suba en la región
15 de junio de 2026 – Mientras el centro de Santiago del Estero amanecía vacío, con frío y llovizna, y los comerciantes del norte argentino contaban otro día perdido en facturación, en las estaciones de servicio ocurría algo que ayuda a explicar por qué cada vez menos gente sale a la calle. La nafta aumentó un 24,3% en dólares desde el inicio del conflicto entre Irán y Estados Unidos, y Argentina se convirtió en el país exportador de petróleo de América Latina que más incrementó el precio de los combustibles, según reveló un informe del Instituto Argentina Grande (IAG). Una cifra que, leída en clave regional, ubica al país a la cabeza de lo que el reporte denominó la «Copa América del aumento de la nafta».
El incremento es significativamente superior al de otros países exportadores de petróleo de la región. Argentina supera por 10 puntos a Ecuador (14,7%), duplica a México (10,7%), es cinco veces mayor que el de Brasil (4,9%) y está muy por encima del alza de Colombia (1,9%). Los números no dejan lugar a dudas: mientras el resto de la región intentó amortiguar el impacto de la crisis energética, en Argentina los surtidores reflejaron una suba que sólo fue superada por países que son importadores netos de petróleo. Desde IAG remarcaron que «la mayoría de los países del mundo implementaron políticas activas para proteger a trabajadores y empresas del impacto de la crisis energética generada por la guerra en Medio Oriente». Argentina, al parecer, no estuvo entre ellos.
Pero hay un dato que vuelve la situación aún más paradójica. A pesar de que los argentinos pagan la nafta más cara que en Estados Unidos y Brasil, el ingreso de dólares por petróleo se triplicó. El sector petrolero tuvo un saldo positivo de divisas por US$1.983 millones en abril, cuando venía liquidando en promedio US$832 millones el último año. Es decir, el país nunca había recibido tantos dólares por su petróleo. Y sin embargo, el precio en los surtidores no dejó de subir. El informe detalló que «los argentinos pagan el litro de nafta un 23% más caro que EE.UU. y un 6% más que Brasil». Antes del comienzo del conflicto, el litro de nafta súper en Argentina estaba US$1,12 y ahora ascendió a US$1,40. En Brasil pasó de US$1,23 a US$1,31. En Estados Unidos, de US$1,05 a US$1,14. La cuenta es simple: Argentina tuvo el punto de partida más bajo y el punto de llegada más alto.
El impacto en el bolsillo de los hogares es directo y contundente. La entidad calculó que «desde el comienzo del conflicto en Irán, la media de aumento a nivel país del litro de nafta súper fue de $388 y la premium $372», al subir un 24% y 19,7% respectivamente. Eso representa un gasto mensual extra de $38.874 para los hogares con automóvil. En tres meses de conflicto, la suma del costo adicional que tuvieron que afrontar los argentinos con auto asciende a $116.600. Casi 117 mil pesos que salieron del bolsillo de las familias y fueron directamente a las petroleras y al fisco.
Porque detrás del aumento del combustible no está sólo el precio internacional del petróleo. Está también la política impositiva. Desde IAG indicaron que «con Milei los impuestos a los combustibles que gravan el litro de nafta subieron 230% en términos reales». El peso de este tributo sobre el precio final por litro de nafta pasó de representar un 8,89% en noviembre de 2023 a un 18,54% en mayo pasado. Dicho de otro modo: cada vez que un argentino carga nafta, casi una quinta parte de lo que paga son impuestos. Y esos impuestos, según el informe, tienen un destino específico por ley: infraestructura vial e hídrica. Pero no se están usando para eso. «Es otra forma de simular un superávit primario asfixiando la obra pública», señaló el instituto. A cuenta de lo recaudado por el impuesto a los combustibles, la Dirección Nacional de Vialidad debería haber gastado $1,8 billones, pero gastó sólo $0,7. Hay $0,9 billones que abultan el superávit pero que, por ley, se deberían usar para mejorar el estado de las rutas nacionales.
El precio de la nafta subió 59,5% desde el cambio de gestión en términos reales. Sin impuestos, hubiese subido 41%. La diferencia es la política. Y mientras los precios suben, el consumo de nafta sigue en caída: en el primer cuatrimestre, la súper cayó 1,8% contra 2025 y 4,3% en relación a 2023. Menos gente carga combustible porque menos gente puede pagarlo. Y menos gente sale a la calle porque cada salida cuesta más caro.
Ahora cierran todas las piezas. Las calles vacías de Formosa, Resistencia y Santiago del Estero no son sólo producto del feriado, ni del frío, ni de la llovizna. Son también el reflejo de una ecuación simple: si llenar el tanque cuesta cada vez más, la salida se vuelve un lujo. Y si la salida es un lujo, el consumo se derrumba. Y si el consumo se derrumba, los comercios cierran. Y si los comercios cierran, la ciudad se vacía. Argentina es el país exportador de petróleo que más aumentó la nafta en la región, el que más impuestos le puso al combustible, el que menos protegió a sus ciudadanos de la crisis energética. Y todo esto mientras los dólares por petróleo se triplicaban. Es decir: el país nunca tuvo más ingresos por su petróleo, y sin embargo los argentinos nunca pagaron más cara la nafta. La lógica diría que si sobra más dólares, el precio debería bajar o al menos estabilizarse. Pero la lógica y la Argentina mantienen una relación difícil desde hace décadas. Mientras tanto, los centros comerciales del norte siguen vacíos. No es casualidad: la gente no sale porque no puede pagar el combustible para salir. Y si sale, no puede pagar lo que hay en los comercios porque todo aumentó. El círculo se cierra solo. Güemes, el héroe del norte, resistía a caballo. Hoy, con el litro de nafta a US$1,40, resistir a caballo sería, paradójicamente, más barato.
