Medio millón de personas vieron a la «Flecha de Plata» rugir otra vez: Colapinto manejó el Fangio y Buenos Aires se emocionó
El ruido del motor atravesó el alma porteña como un eco del pasado. La «Flecha de Plata», ese Mercedes W196 con el que el Chueco Fangio se consagró campeón del mundo en el 54 y el 55, volvió a rugir en las calles de Buenos Aires. Y atrás del volante, nada menos que Franco Colapinto, el pibe argentino que ya empieza a escribir su propia historia a los ponchazos.
Medio millón de personas, según los organizadores, se apiñaron a lo largo del circuito para verlo pasar. No era para menos, che. Porque un auto así no se ve todos los días, y menos manejado por un argentino que entiende lo que significa llevar esos colores. Colapinto no solo giró: saludó, sonrió, se emocionó y emocionó. Se cumplió el sueño del pibe: manejar el monoplaza de uno de sus máximos ídolos. «Es una locura, no puedo creer que esté pasando esto», se lo escuchó decir entre cascos y gritos.
La exhibición arrancó al mediodía con una primera vuelta a bordo del Lotus E20 de 2012, pero el plato fuerte llegó después. Cuando la «Flecha de Plata» apareció en la recta, un murmullo recorrió la multitud. Los más viejos lloraban. Los más chicos sacaban el celular. Todos querían llevarse un pedazo de esa magia.
Porque Fangio no es solo un corredor. Es el símbolo de una época en la que los argentinos podían con el mundo. Y ver ese auto, ese mismo, con su silueta alargada y su pintura plateada brillando bajo el sol porteño, fue como viajar en el tiempo. Colapinto, con el casco puesto y la mano en alto, se encargó de que el viaje valga la pena.
Ahora, la pregunta que te hago, es esta: si Fangio volviera a nacer hoy y viera a un pibe argentino manejando su auto con la misma pasión, ¿no te parece que sonreiría orgulloso desde algún cielo de curvas perfectas?
