Se apagó la cámara: murió Adolfo Aristarain, el director que nos enseñó que no hay revancha sin memoria
Domingo triste para el cine argentino, che. Adolfo Aristarain, uno de los directores más importantes de habla hispana, falleció a los 82 años. El tipo que nos regaló «Tiempo de Revancha», «Un lugar en el mundo» y «Martín Hache» se fue, pero dejó una huella que ni el tiempo ni las modas van a borrar.
Aristarain no era un director cualquiera. Agarrabas una de sus películas y sabías que ibas a encontrar algo más que tiros o llantos. Mezclaba el policial con el drama, la acción con la reflexión política y ética. Te hacía pensar mientras te entretenía, y eso, en el cine, no lo hace cualquiera, ¿viste?
Nacido en Buenos Aires pero con alma de caminante, Aristarain se formó como asistente en más de 30 películas. Y no cualquier cosa: laburó nada menos que en «Érase una vez en el Oeste» de Sergio Leone. Sí, el mismo Leone que inventó los spaghetti western. Después, hizo gran parte de su carrera entre Argentina y España, pero nunca dejó de ser argentino. Su mirada, sus personajes, sus conflictos tenían ese acento nuestro, esa forma de sufrir y de resistir que solo entendemos los de acá.
«Tiempo de Revancha» (1981) es una obra maestra. Federico Luppi, Haydée Padilla, Julio De Grazia… un elenco de lujo para una historia que hablaba de corrupción, de justicia, de hacer las cosas bien aunque te cueste la vida. ¿Te suena actual, no? Después llegó «Un lugar en el mundo» (1992), que ganó la Concha de Oro en San Sebastián y el Goya a la mejor película extranjera de habla hispana. Luppi otra vez, junto a José de Sacristán, Cecilia Roth y Leonor Benedetto. La historia de un médico español exiliado que intenta construir una escuela en un pueblo perdido de la Patagonia. Emoción pura, che.
Y «Martín Hache» (1997), con Cecilia Roth, Eusebio Poncela y Juan Diego Botto. Un padre y un hijo tratando de encontrarse después de años de distancia. Como tantas historias argentinas marcadas por el exilio y la vuelta.
En 2024, la Academia de Cine española le dio la Medalla de Oro. Un reconocimiento tarde, como casi todos, pero merecido. Porque Aristarain hizo un cine que le importaba a la gente, no a los críticos snobs. Hizo un cine que te agarraba del pecho y no te soltaba hasta los títulos finales.
Según las fuentes, el director venía con problemas de salud, pero no se dieron más detalles. Lo importante es que se va un tipo que le puso el cuerpo al cine argentino cuando hacer cine era casi un acto de valentía.
La pregunta que te hago, ¿cuántas de sus películas viste? Porque si no viste ninguna, hoy es un buen día para sentarte, preparar unos mates y descubrir por qué Aristarain era uno de los nuestros. Y si ya las viste, ¿no te dan ganas de volver a verlas, aunque más no sea para despedirlo con los ojos llenos de lágrimas y la cabeza llena de preguntas?
