RIGI: los proyectos aprobados generarían menos del 18% del empleo que destruyó la era Milei

Buenos Aires, 1 de mayo de 2026. En el Día del Trabajador, mientras muchos celebraban con un feriado y un locro caliente, en el Congreso de la Nación se exponían números que invitan a una reflexión incómoda. Manuel Adorni, jefe de Gabinete, defendió el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) con cifras concretas: 12 proyectos aprobados, 36.873 empleos estimados. Pero ese número, contrastado con los datos del mercado laboral, deja una pregunta flotando: ¿puede un plan generar esperanza cuando el presente ya destruyó más de 200 mil puestos de trabajo?

Los números oficiales del RIGI

En su presentación ante el Congreso, Adorni detalló que hasta el momento se aprobaron 12 iniciativas del RIGI. Una más tiene recomendación de aprobación por parte del Comité Evaluador, y otras 21 están en proceso de evaluación.

Según los datos oficiales incluidos en ese informe, las inversiones ya aprobadas «generarán en forma conjunta 34.860 empleos, entre trabajos directos e indirectos». Si se suma el proyecto minero Diablillos —que cuenta con la preaprobación—, la cifra asciende a 36.873 puestos.

El funcionario también proyectó que el conjunto de iniciativas del RIGI implicará inversiones por 94.965 millones de dólares en la economía real, con un impacto anual positivo en la balanza comercial de más de 40.000 millones de dólares.

¿Puede un anuncio de empleo futuro consolar a quien perdió su trabajo hoy? La respuesta, para miles de argentinos, es un rotundo no.

El contraste: 206 mil puestos perdidos

Al cruzar esos datos con la evolución reciente del mercado laboral, la fotografía cambia por completo. Según estimaciones citadas por el economista Hernán Letcher —basadas en información oficial—, «desde que asumió Milei ya se perdieron 206.262 puestos de trabajo registrados privados».

La cuenta es simple y devastadora: los 36.873 empleos que promete generar el RIGI (en el mejor de los casos, y en «algunos años», según aclaró el propio Letcher) equivalen a menos del 18% de los más de 200 mil puestos que ya se destruyeron.

El economista fue contundente: «En el mejor de los casos, si se dejara de destruir empleo, los nuevos puestos alcanzarían, en algunos años —cuando se generen—, para recomponer apenas el 17,8% de lo perdido».

Si el RIGI tarda años en generar empleo, ¿qué comen las familias mientras tanto? Esa pregunta no aparece en los informes oficiales.

Más monotributo, más informalidad

Los datos del INDEC refuerzan el diagnóstico. El director de C-P Consultores, Federico Pastrana, advirtió que «la caída de los puestos de trabajo registrados se da en paralelo con un aumento claro del cuentapropismo en el sector informal».

Pastrana fue aún más específico: «El crecimiento del empleo por cuenta propia está lejos de estar asociado a mejores oportunidades. Es coherente con un deterioro del mercado laboral y una economía con tendencia al estancamiento».

Los números muestran una tendencia clara: contracción del empleo registrado, aumento del desempleo y expansión del cuentapropismo mayoritariamente en el sector informal. Es decir, más argentinos trabajando por su cuenta, pero no por elección: por falta de alternativas.

¿Puede considerarse «trabajo digno» cualquier actividad que no aporta jubilación, obra social ni estabilidad?

El ajuste del Estado y la otra cara

El informe de Jefatura de Gabinete también destacó un dato que el gobierno considera un logro: un ahorro anual superior a los 2.505 millones de dólares tras el recorte de 65.000 empleados estatales y el cierre de organismos públicos.

Pero ese ahorro, mirado desde la vereda de enfrente, significa 65.000 familias que perdieron su ingreso formal. Algunas habrán conseguido algo. Otras, no. Y muchas, seguramente, engrosaron las filas del monotributo o la economía popular.

¿A quién beneficia realmente un ajuste que achica el Estado pero no logra que el sector privado absorba a los despedidos?

La construcción: un sector en caída libre

El investigador del Instituto de Estudios y Formación de la CTA, Luis Campos, puso el foco en uno de los sectores más sensibles: la construcción. Históricamente, esta actividad fue un motor de empleo rápido y en cantidad. Pero los números actuales son alarmantes.

«El empleo registrado en la construcción hace dos años está estancado en niveles que son casi un 20% más bajos que el promedio de 2023», explicó Campos. Y lanzó una frase que suena a advertencia: «Si al gobierno le agarra un ataque de heterodoxia tiene muchísimo para crecer ahí y muy rápido».

La frase implica algo inquietante: el gobierno podría generar empleo rápidamente en la construcción si cambiara sus políticas. Pero no lo hace. La pregunta entonces es inevitable: ¿por qué un gobierno que promete trabajo no recurre a un sector que, según los propios especialistas, puede generar empleo rápido?

La brecha entre la promesa y la realidad

La exposición de Adorni en el Congreso dejó claros los números del RIGI. Pero también dejó expuesta, quizás sin quererlo, la distancia sideral entre las vacantes proyectadas y los puestos ya destruidos.

El oficialismo apuesta a que la «lluvia de inversiones» del RIGI logre, eventualmente, revertir una tendencia laboral que hoy muestra a una fuerza laboral refugiada mayoritariamente en el monotributo y la informalidad. La oposición y los especialistas, en cambio, señalan que el presente es urgente y que los empleos del RIGI, cuando lleguen, no alcanzarán ni para cubrir la quinta parte de lo perdido.

El 1° de Mayo, Día del Trabajador, es una fecha para celebrar. Pero también para preguntarse: ¿de qué sirve una promesa de empleo futuro si el presente ya es una emergencia?

Esa pregunta, millones de argentinos la contestan cada mes al llegar a fin de semana sin llegar a fin de mes. Los proyectos del RIGI, mientras tanto, siguen en evaluación. Y los trabajadores, también.